Las buenas noticias y el desafío
Pequeño ejemplo sobre cómo meditar sobre el dolorTan pronto como un dolor aparece en el cuerpo, nuestra mente se preocupa por obtener alivio. Si podemos remover la causa del dolor o mitigarlo con analgésicos, enhorabuena. Sin embargo, la mayoría de la gente en algún momento de su vida, llega a enfrentar algún grado de dolor significativo, del cual no puede escapar. Millones de personas, víctimas de alguna enfermedad o deterioro físico, tienen que vivir día a día en un inevitable y a veces agudísimo dolor.
Si no podemos escapar del dolor, ¿debemos entonces aceptarlo como un sufrimiento despreciable e insignificativo? No. Existe una alternativa, una forma no de escapar del dolor, sino de ir hacia él. Podemos aplicar la meditación con la atención consciente al dolor. La meditación con la atención consciente es una forma de centrar nuestra atención en el dolor y observarlo con precisión; al dejar de resistirnos al dolor, nos abrimos a él. Conforme desarrollamos esta habilidad, el dolor causa menos sufrimiento y quizá hasta pueda llegar a convertirse en un flujo de energía pura. Esto puede sonar demasiado bueno para ser verdad, pero es un hecho que miles de personas han descubierto. La técnica de meditación con atención consciente requiere tiempo, esfuerzo y determinación; sin embargo, cualquiera puede desarrollar esta habilidad con una práctica regular. Franca y generalmente hablando, manejar el dolor a través de la meditación no es una solución rápida. No obstante, el hecho de saber que es una solución profunda y amplia lo compensa. ¿A qué me refiero cuando digo “profunda y amplia”? Esto se aclarará a continuación.
El enfoque meditativo para trabajar con el dolor nos presenta dos retos. El primero es de origen conceptual: entender el dolor así como su proceso de una nueva forma radicalmente diferente de la usual. Generalmente, aceptar este nuevo paradigma toma tiempo ya que genera confusión. Sin embargo, bien vale la pena, ya que esta nueva forma de ver las cosas nos da mucho poder y claridad.
El segundo reto es de origen práctico: obtener las destrezas y la concentración necesarias para experimentar el dolor como una fuente nueva y vigorizante. Para lograr esto se requiere la práctica sistemática y continua de los ejercicios de atención consciente que se incluyen en la serie de cintas de “Traspasando el Dolor.”
El dolor se presenta en varias formas y tipos como pueden ser: ardor, malestar, inflamación, punzadas, comezón, presión o náusea. Una persona puede experimentar diferentes formas de dolor a la vez, variando la intensidad entre ellos. Por ejemplo, un ardor puede variar desde un grado leve hasta el punto de desmayo.
Lo que hace al método de “observación y apertura” tan maravilloso y poderoso, es el hecho de que funciona para cualquier tipo de experiencia dolorosa, sin importar el tipo de dolor, su intensidad o su causa: golpes, alergias, cólicos menstruales, fatiga crónica, dolor de espalda, e incluso dolores de enfermedades terminales como el cáncer o el SIDA. De hecho, las mismas habilidades y conceptos básicos funcionan igualmente bien cuando se utilizan para trabajar con dolores emocionales, tales como el enojo, el dolor, el miedo y el sentimiento de culpa.
¿A qué me refiero exactamente cuando digo que funcionan? En primer lugar, este método reduce el sufrimiento causado por el dolor específico que está experimentando. En segundo lugar, y este es el punto verdaderamente importante, trabajar con el dolor de esta manera genera una rápida evolución personal. Es una manera de liberar bloqueos psicológicos y espirituales y de limpiar la sustancia misma del alma profunda y permanentemente. Retomando el lenguaje de la tradición cristiana, la experiencia del dolor deja de ser un “infierno” (es decir, sufrir sin sentido) para convertirse en un “purgatorio” (a saber, una forma de purificación que abre la puerta a un encuentro directo con la fuente espiritual).
Como resultado de esta purificación, usted eventualmente experimentará una sensación más grande de unidad y conexión con todas las cosas; una reducción de emociones negativas; una sensación de felicidad, independientemente de sus circunstancias y la desaparición de improntas y condicionamientos limitantes del pasado. Asociado con esta transformación de conciencia, se da lo que llamo “el Sabor mismo de la Purificación”. Es un sentimiento agradable que aparece mientras una persona está experimentando sensaciones dolorosas de manera diestra.
Una vez que usted empieza a desarrollar el gusto por esta “Purificación”, el dolor, incluso el dolor más terrible, cobra significado. El sufrimiento disminuye y eventualmente queda completamente eclipsado por la alegría de la Purificación. Esto es a lo que me refiero cuando digo “escapar hacia el dolor”. Si el dolor es severo, y usted es capaz de adentrarse en él, usted experimentará un estado libre del Ego y por lo tanto una comunión con la fuente espiritual.
El método de meditación con atención consciente aplicado al dolor, puede parecer muy difícil. Al principio quizá su concentración no sea buena. Su mente divagará mucho y usted tendrá que concentrarse de nuevo una y otra vez. Sin embargo, como suele suceder con cualquier otro tipo de ejercicio, la práctica hace al maestro.
Cómo se convierte el dolor en sufrimientoQuisiera darle un sentido tangible de cómo es la experiencia de la meditación con atención consciente. Cierre sus ojos y deje que su cuerpo entero se acomode y se relaje. Escoja un área en la que el dolor sea significativo.
Trate de obtener un sentido preciso del tamaño y la forma de la zona en la que siente el dolor. ¿Es una zona larga, redonda, triangular; o tiene acaso la forma de otra figura? ¿Es plana como una tortilla, o tiene una forma tridimensional? ¿Es uniforme o tiene áreas de mayor o menor intensidad? ¿Ejerce alguna influencia en otras partes del cuerpo o está completamente aislada? En este momento usted tiene una idea más clara y precisa de su dolor.
Ahora observe aún con más cuidado, como si el dolor fuera un ser vivo con su propio derecho de existir; como si fuera, por ejemplo, una lagartija en la pared. ¿Cómo y cuándo se mueve esta criatura? ¿Cambian sus bordes? ¿Se hace más fuerte o más débil? ¿Se mueve su centro? Observe cuidadosamente por un rato y note que cada cierto número de segundos el dolor cambia aunque sea ligeramente. Cada vez que el dolor cambie, relaje todo su cuerpo y su mente, céntrelos en el dolor y observe sin emitir ningún juicio. Quizá tenga que practicar este ejercicio varias veces, antes de que llegue el momento en que el dolor le revele su vibración natural en forma de olas. Cuando esto ocurra, ¡deslícese por las olas a manera de “surfing”!
Este es el primer paso para desarrollar la habilidad de concentrarse mentalmente en el dolor. Es cierto que a veces parecería que el dolor empeora cuando uno se enfoca en él. Sin embargo, esto es sólo un fenómeno temporal.
Dolor sin sufrimientoPara poder entender cómo el dolor se convierte en sufrimiento, es necesario aclarar una verdad profunda acerca de la naturaleza del sufrir. La mayoría de la gente considera que el sufrimiento y el dolor son la misma cosa. Sin embargo, el sufrimiento es una función de dos variables y no una. Sufrir está en función del dolor y del grado con el cual el dolor se resiste (S=PXR).
Su sistema nervioso está formado por “Circuitos de Dolor”, es decir, estructuras que producen y transmiten señales de dolor. Estos circuitos son parte de su ser y si los dejamos trabajar solos, funcionan espontáneamente y sin esfuerzo como parte del flujo de la naturaleza, como el viento a través de los árboles o las ondulaciones en un lago. Estos circuitos tienen una sola función: cuando se les estimula, producen una onda de energía que los humanos llamamos “dolor”.
Como resultado de un largo proceso de condicionamiento, los seres humanos también hemos desarrollado otra parte de nuestro ser: la “resistencia”. La resistencia interfiere con esa onda de energía, pelea contra ella y trata de derrotarla. Por lo tanto, en las profundidades de nuestro ser hay un conflicto violento, una verdadera guerra civil entre dos partes del mismo sistema.
Esto produce una presión llamada “sufrimiento”. Puesto que el sufrimiento es producido por una parte suya que pelea contra otra, obviamente hay un nexo profundo entre el proceso físico de aprender a experimentar el dolor sin el sufrimiento y el proceso psicológico de volverse más integrado.
De acuerdo con este punto de vista, la resistencia es un tipo de fricción interna; el sistema está oprimiéndose a sí mismo. Esta fricción produce sufrimiento innecesario y un desperdicio de energía física y mental.
La resistencia ocurre tanto en el cuerpo como en la mente, y puede ser consciente o inconsciente. La resistencia consciente en la mente toma la forma de juicios, deseos, proyecciones dolorosas, etc., por ejemplo: “Odio el dolor. No puedo soportar este dolor. ¿Cuándo va a parar?”
La resistencia consciente en el cuerpo toma la forma de tensión y sujeción. Usted puede tener un dolor en la pierna, pero aprieta la quijada, retiene el aliento o quizá apriete todo el cuerpo evitando que el dolor se expanda y circule. “Abrirse al dolor” es la práctica de soltar la resistencia consciente dejando a un lado los juicios y continuamente relajando el cuerpo al máximo.
Por lo que respecta a la resistencia inconsciente, por definición no tenemos control sobre ella, ya que ocurre momento a momento en los niveles profundos y preconscientes del procesamiento neuronal. Sin embargo, la observación cuidadosa del dolor le permite al inconsciente perder gradualmente sus hábitos de resistencia. Es por esto que la práctica de atención consciente incluye tanto la percatación plena del dolor como la apertura a él.
La fórmula “sufrimiento igual a dolor multiplicado por resistencia” contiene buenas y malas noticias. La buena noticia es que (por lo menos en teoría) nadie tiene que sufrir, porque la resistencia puede disminuir e incluso reducirse a cero practicando los ejercicios de atención consciente.
¿Cuál es la mala noticia? En muchos casos la resistencia crece si el dolor persiste. Aun cuando el dolor sea el mismo, el sufrimiento percibido puede ser insoportable porque la resistencia ha sido mayor. De acuerdo con esta fórmula, incluso el dolor subliminal más ligero puede producir inmenso sufrimiento si se le resiste fuertemente. El sufrimiento que está por debajo de conductas compulsivas como el abuso de sustancias químicas, es generalmente producido por ligeros dolores subliminales que están sujetos a una enorme resistencia del subconsciente. Cuando hablamos de dolor, ¡recuerde que lo sutil es significativo!
Desprenderse de la resistencia al flujo subjetivo del dolor, de ninguna manera implica que usted deje de resistirse a la fuente objetiva del dolor. De hecho, al volverse más diestro en abrirse al dolor, podrá liberar la energía que antes desperdiciaba en luchar contra el dolor. Así, podrá emplear dicha energía en recuperarse y en vivir su vida a pesar del dolor. Aunque usted no se haya rendido a la situación objetiva de estar enfermo, usted se abre a las sensaciones subjetivas de dolor que la enfermedad produce. Hacer esto reduce su sufrimiento e incrementa su energía.
Aunque el sufrimiento disminuye cuando la resistencia es menor, el dolor puede continuar, preservando la función propia del dolor como una advertencia, llamada de atención, motivación, etc. En otras palabras, a veces es necesario sentir dolor, pero jamás es necesario sufrir.
El dolor informa y motiva, el sufrimiento desespera y distorsiona. Cuando el dolor se experimenta con destreza y sabiduría, nos acercamos a nuestra fuente espiritual. El sufrimiento nos aleja de nuestra fuente espiritual y de los demás seres humanos. El sufrimiento oscurece la perfección del momento; el dolor experimentado con destreza es la perfección del momento.
Para la mayoría de la gente, la noción de dolor sin sufrimiento puede parecer una contradicción: es difícil imaginar cómo puede haber dolor sin sufrimiento. Se preguntan ¿duele? Y la respuesta es sí. ¿Es eso un problema? Y aquí la respuesta es no. Debido a la falta de un concepto de dolor puro, sin resistencia, es difícil para muchos comprender esto. En otras palabras, la mayoría de nosotros no recordamos haber experimentado un dolor puro. Lo que la gente llama “dolor” es en realidad una combinación de dolor y resistencia al mismo.
Podemos agregar que la mayoría de la gente tampoco está familiarizada con la noción de placer puro. Lo que la gente llama “placer”, es en realidad una mezcla de placer y anhelo. Así como la conciencia se purifica experimentando el dolor sin resistencia, igualmente se purifica experimentando el placer sin anhelo. El desprendimiento de la resistencia al dolor y el desprendimiento del anhelo por el placer se conoce como “ecuanimidad”.
Dolor y purificación espiritual
Muchas tradiciones espirituales incluyen la práctica del ascetismo, el cual se refiere a la privación e incomodidad voluntarias. El cilicio y la auto-flagelación de los cristianos europeos, así como las chozas de vapor y las danzas del sol de los indígenas norteamericanos, son ejemplos de ascetismo.
Desafortunadamente, incluso los practicantes del ascetismo a veces no entienden claramente los principios que lo conforman. Esto ha dado como resultado que dichas prácticas sean consideradas como perversas de alguna forma. Se dice con frecuencia que el Buda rechazó el ascetismo; yo diría que él más bien lo refinó tanto de manera conceptual como en la práctica. El ascetismo crudo suele implicar el percibirse a sí mismo como pecador despreciable o, por otra parte, intentar endurecerse o alcanzar poderes especiales mediante la inducción de estados de conciencia alterados. Sin embargo, el ascetismo en su sentido correcto se practica con fines de purificación espiritual, es decir, como una forma de suavizar la sustancia del “yo” solidificado.
El dolor multiplicado por la resistencia, equivale a sufrimiento, pero el dolor multiplicado por la aceptación equivale a purificación. Esto nos dice dos cosas importantes. La primera, cuando el dolor es muy intenso y uno es capaz de mantener aunque sea un pequeño nivel de aceptación, entonces se da la purificación, esto es, el dolor es productivo y significativo. Segundo, incluso el dolor más pequeño puede traer una purificación significativa si su atención y ecuanimidad son elevadas. Por lo tanto, aún cuando usted no realice prácticas intensas como las de los penitentes cristianos o de los guerreros espirituales amerindios, usted estará alcanzando una purificación relativamente profunda. Esto se puede lograr mediante una apertura extraordinaria a los dolores e incomodidades ordinarios de la vida diaria.
Una vez que usted entienda que el dolor multiplicado por la ecuanimidad equivale a la purificación, usted será capaz de hacer una “reestructuración conceptual” del dolor. Usted será capaz de “sacramentarlo” y verlo como una forma de monasterio impuesto para realizar una ceremonia sagrada. Ver el dolor como un monasterio o retiro natural impuesto para el crecimiento espiritual cobra un significado particular para aquellos que viven con dolor crónico.
He mencionado que la meditación con atención consciente está compuesta de dos elementos: una apertura al dolor y una observación cuidadosa del dolor. La apertura fomenta un proceso de purificación espiritual. La observación cuidadosa produce vislumbres penetrantes de percatación (insights), algo así como una joya de varias caras, de las cuales una nos conecta con la noción de impermanencia.
El dolor y la impermanencia
A veces les hago a mis alumnos esta pregunta extraña de respuesta múltiple: ¿Se están moviendo las montañas? Las respuestas posibles son: sí, no o depende. Sugiero que la respuesta correcta es “depende” ya que depende de cuán paciente y cuidadosamente observen las montañas.
Por supuesto que desde el punto de vista usual de tiempo y espacio, una montaña nos parece muy sólida. De hecho, la montaña es una metáfora de permanencia. Sin embargo, vista microscópicamente, hasta las montañas son una danza de energía. Las moléculas vibratorias están formadas por átomos que vibran aún más rápido, los cuales a su vez están hechos de partículas con una vibración mayor y así sucesivamente. Vista con la paciencia de los siglos, la superficie terrestre parecería un protoplasma ondulante.
De la misma manera, su dolor puede parecer sólido y permanente como una montaña. Sin embargo, conforme su poder de observación se afine y su paciencia aumente, usted comenzará a percibir aspectos de cambio o de impermanencia. La sensación de dolor cambia de forma o posición en pocos segundos, se hace más fuerte o más débil, se expande, se contrae y circula. El tipo de dolor también cambia; un ardor se convierte en comezón, la comezón se convierte en presión y así sucesivamente. Eventualmente, usted se da cuenta de que incluso el dolor más horrible está conformado de una energía pura y vibrante. En este momento, no sólo el dolor sino la sensación entera de sufrimiento se disuelve y se convierte en parte del flujo natural, tan natural como las ondas que se expanden en un lago.
Conforme este vislumbre penetrante de impermanencia se incrementa, usted descubre que no sólo el dolor sino que todas las experiencias que parecían sólidas, son en verdad elásticas, vibratorias, porosas y transparentes. Con este descubrimiento, su perspectiva de sí mismo y del mundo se transforma considerablemente.
Esto es similar a los cambios de paradigma de la física moderna. El cuerpo material se disuelve en un campo de energía. El ser como partícula separada se disuelva en una onda vibratoria que es capaz de unir su fuente espiritual con todas las cosas. Usted se convierte en espíritu en el sentido literal del término spiritus, el cual en latín significa “aliento” o “viento”, algo no sustancial pero poderoso.
El descontento por las horas perdidas
Ahora me gustaría describir ciertas áreas específicas en las que la gente tiene dudas sobre cómo trabaja el dolor. Por ejemplo, la gente suele resentir el hecho de que el dolor le quita tiempo de su vida, impidiendo su participación en actividades importantes de trabajo o recreación. En efecto, a menos que usted entienda cómo usar una situación para evolucionar y purificar su conciencia, el tiempo que pasa con dolor será, en gran medida, tiempo desperdiciado o sin sentido.
Afortunadamente, usted puede reestructurar su marco conceptual con respecto al tiempo vivido en dolor. Si la naturaleza (o “Dios”) le ha dado tanto dolor que usted no puede hacer otra cosa más que estar con él, entonces hay un mensaje claro: ¡usted no debería estar haciendo nada más!
En otras palabras, el tiempo invertido en sentir el dolor, no importa cuán largo, es un llamado legítimo ante los ojos de Dios y de la naturaleza. Si suponemos que usted está haciendo un esfuerzo mínimo para purificar y evolucionar sabia y conscientemente a través de la experiencia del dolor, entonces usted está haciendo un trabajo productivo y significativo. Con su ejemplo, usted será una fuente de esperanza, inspiración y fortaleza y así estará dando un servicio a los demás.
Consideremos incluso el caso más extremo: una persona con tanto dolor que sólo pueda estar en cama, viendo a muy poca gente, y quizá sin ninguna expectativa de recuperación sino de muerte. Bien podríamos pensar que en este caso extremo, aunque la meditación pudiera ayudar a la víctima, no habría otro beneficio para la humanidad; sin embargo, este no es el caso.
Algunos científicos postulan la existencia de “campos morfogénicos”. Explicada en forma simple, esta teoría afirma que cuando una persona realiza una acción, la misma acción puede ser más fácilmente realizada por otros, aún cuando los otros no tengan contacto con la persona o incluso no tengan conocimiento del trabajo realizado por la persona original. A este fenómeno lo llaman algunos el “efecto de los 100 monos”. De acuerdo con esta teoría, un ermitaño trabajando para purificarse a través de dolor, de alguna manera, está haciendo más fácil el trabajo de purificación de los demás sufrientes en el mundo. ¡Este es un trabajo valioso y significativo!
Cuándo y dónde meditar
A veces la gente me pregunta cuántas horas al día medito. Por supuesto, se refieren a la cantidad de tiempo que empleo sentado en una práctica de meditación formal. Les contesto que generalmente medito una hora cada día; sin embargo, siento que en realidad debería responderles que espero estar meditando las veinticuatro horas del día. En otras palabras, la meditación se puede llevar a cabo tanto mientras realizamos nuestras actividades cotidianas, como durante períodos formales previamente establecidos. Ambas formas de meditar son útiles.
Si el enfoque de su meditación es el dolor, entonces usted puede meditar cada vez que siente el dolor, porque cada vez que se abre a él y lo observa, está, por definición, meditando. Si el dolor está siempre presente, entonces tiene algo que le recuerda y lo motiva a entrar en un estado de meditación durante su estado de vigilia, es decir, cuando está despierto, tal y como lo hacen los monjes y las monjas en los monasterios. Así pues, el dolor es su monasterio. Esta es otra forma de ver al dolor como su aliado.
Por supuesto que toma tiempo meditar sobre el dolor y al mismo tiempo realizar otras actividades. Al principio será todo un reto meditar tranquilamente por su cuenta, sin embargo, conforme el estado de concentración se torne habitual, usted será capaz de meditar en medio de las diferentes actividades de la vida.
Trate de reservar un tiempo aparte para meditar de manera formal, quizá media hora cada mañana. Puede meditar sentado en una silla, en el suelo o incluso acostado. Durante sus períodos de meditación formal, asegúrese de que no haya distracciones. Desconecte el teléfono y dígales a sus familiares y amigos que necesita estar solo sin que lo distraigan.
Cuando meditamos, estamos tanto en un estado de relajación como de alerta. Si usted medita sentado, trate de mantener su columna vertebral erguida. Esto le ayudará a permanecer alerta. Si medita acostado, entonces realmente necesita tener una fuerte determinación para no dormirse o divagar. Si siente ganas de dormir, abra sus ojos y mire al infinito sin establecer contacto con los objetos visuales a su alrededor. Esto le ayudará a permanecer alerta.
Algunas condiciones que producen dolor pueden empeorar durante períodos largos de inactividad. Si esto le ocurre, asegúrese de moverse y cambiar su posición. Sin embargo, entre una posición y otra, trate de permanecer quieto y concentrado.
El momento más importante durante cualquier meditación se produce cuando se levanta para continuar con sus actividades diarias. Su habilidad para mantenerse en un estado meditativo durante todo el día (y por lo tanto reduciendo el sufrimiento del dolor) depende de cuán diestramente maneje esta transición. En lugar de pensar que la meditación ya terminó y que está listo para realizar tal o cual cosa, piense: “De alguna forma me siento más tranquilo, calmado y concentrado. Mi objetivo consiste en preservar este estado”.
Durante el día, cuando se sienta agitado o empiece a sufrir algún dolor, deje lo que esté haciendo por unos minutos. Siéntese y haga una corta pero intensa mini-meditación para centrarse nuevamente en usted mismo. Haga esto tantas veces al día como sea necesario.
La combinación de meditar diariamente por lo menos media hora junto con las frecuentes mini-meditaciones le permitirá mantener un estado de profunda calma y alta concentración la mayor parte del día si no es que todo el día.
Derretimiento y congelamiento
Me gustaría hablar un poco sobre el fenómeno de “derretir y congelar”. A veces, mientras nos abrimos al dolor y lo observamos, sentimos que el dolor se hace más tenue y se suaviza ligeramente, como si fuera una gruesa capa de miel o de lava que se derrama. Por otra parte, hay ocasiones en que puede parecer más fluido y vibratorio, expandiéndose y contrayéndose como una ameba, o bien puede dispersarse como una lluvia de burbujas de champaña o la sutil energía del rocío de un atomizador. Si esto sucede, disfrútelo y concéntrese en las vibraciones y ondulaciones. Deje que ellas lo relajen, lo masajeen y lo transporten a un lugar de paz y seguridad.
Después de una práctica larga y concisa de la meditación, semejantes experiencias de inestabilidad (o de impermanencia) ocurren más frecuentemente. Sin embargo, es de suma importancia no hacer éste el objetivo de la meditación. La única meta debe ser hacer su mejor esfuerzo para abrirse al dolor y observarlo cuidadosamente tal y como es. Cada vez que haga esto, estará ayudando a que se produzca un proceso natural de purificación involucrándose personalmente, aún y cuando no experimente conscientemente un cambio en el dolor en ese momento.
En el transcurso de esta purificación, el dolor puede derretirse, pero también puede congelarse nuevamente por varios períodos de tiempo. Cuando el dolor se “derrite”, se tiende a pensar que la meditación está dando resultados, que uno está progresando y por lo tanto, que uno está haciendo lo correcto. Sin embargo, si el dolor “se vuelve a congelar”, se podría pensar que la meditación no está funcionando o que usted no lo está haciendo correctamente. ¡Recuerde que la definición de una meditación exitosa es cualquier meditación que usted haga!
La conciencia es una estructura de muchos niveles. Al igual que los estratos de la tierra, los niveles más bajos contienen los fósiles más antiguos. Al derramar claridad y apertura sobre su dolor, éste está realmente funcionando como un conducto o túnel que va hasta los lugares más profundos de su subconsciente. Cuando una capa de bloqueo psicológico llega a la superficie, puede causar una solidificación o empeoramiento del dolor. Tan sólo hay que abrirse a esta experiencia, y observarla tanto como sea posible sin el propósito de que el dolor se mitigue o desaparezca. Dentro del tergiversado sentido del humor de la naturaleza, la manera más rápida de “romper” el dolor, es observarlo sin desear en lo más mínimo que cambie.
De este modo, si el dolor se derrite y luego se vuelve áspero y se congela otra vez, no es que usted haya retrocedido, sino que una capa más profunda de bloqueo se ha filtrado hacia arriba. Es factible que pase por varios ciclos de derretimiento y de re-congelamiento. El poeta inglés y místico cristiano T. S. Eliot describe vívidamente este aspecto del camino espiritual en su obra Four Quartets: “Entre lo que se derrite y se congela, la savia del alma se estremece”.
Desmayos
Cuando el dolor es extremadamente fuerte, uno puede sentir que se va a desmayar. En este caso, acuéstese y ábrase a esta condición de desmayo. Intente conservar su técnica de meditación durante este momento. Así es como el desmayo se convierte en una experiencia profunda de trance meditativo. Usted sentirá que se ha salido de su cuerpo y ha triunfado sobre el sufrimiento.
Ciertamente, lo anterior puede sonar muy alarmante. Requerirá mucha práctica antes de que usted pueda realmente “entregarse” al desmayo. Eventualmente aprenderá que no hay nada que temer, siempre y cuando logre mantener un nivel de conciencia y apertura.
Dolor primario y sensaciones secundarias
Quisiera referirme a un fenómeno importante que llamo sensaciones secundarias, tales como calor, náusea, fatiga, agitación, inquietud, espasmos, hormigueo, etc. Puede darse el caso de que usted sienta comezón en toda su columna vertebral; que corren insectos por sus venas; o incluso puede tener la sensación de que su ser se va a salir de su piel. Puede también tener presiones o tensiones en todo su cuerpo. Todas estas sensaciones pueden llegar a parecer peores que el dolor mismo; y aunque estas sensaciones secundarias globales a veces son muy sutiles, es importante recordar que, en este caso, ¡lo sutil es significativo!
A menudo, estas sensaciones secundarias se asocian con una resistencia emocional al dolor. Intente percatarse de que su miedo, odio o molestia no es continua, sino que tiende a expandirse y luego a disminuir sucesivamente. A manera de experimento, perciba todo su cuerpo y observe cuidadosamente qué sucede cuando surge una sensación de molestia o de odio en la conciencia. Quizá pueda sentir una ola de sensación desparramarse momentáneamente por su cuerpo, o quizá sea una sensación tan sutil, que ni siquiera puede estar seguro de que ocurrió. Esto es precisamente una sensación secundaria asociada con la resistencia. ¡Trate de no resistir la resistencia!
Trate estas reacciones secundarias de la misma manera en que trataría el propio dolor. Obsérvelas cuidadosamente y ábrase a ellas. De hecho, déles una bienvenida honrosa, porque ellas son una parte importante del proceso de purificación.
Existe una relación profunda entre las sensaciones secundarias y el proceso de eliminar bloqueos almacenados a nivel subconsciente. Desafortunadamente, no hay suficiente espacio en este artículo para explicar esta teoría con detalle; sin embargo, a continuación presento un resumen de la misma.
El dolor físico tiende a activar la memoria sutil que guarda el cuerpo de dolores tanto físicos como emocionales. Estos aumentan la sensación de sufrimiento producido por el dolor presente, a menos que usted logre detectarlos y abrirse a ellos. Lo único que usted necesita hacer es observar y abrirse a estas sensaciones secundarias, de la misma manera que observa y se abre al dolor primario. Lo anterior crea un ambiente óptimo dentro del cual su subconsciente puede descargar o librarse de los bloqueos. Durante años, estas memorias corporales inconscientes y sutiles han estado presentes de manera subliminal y continua, impidiendo la plena satisfacción de cada momento. El dolor ha traído estas memorias claramente a la superficie donde pueden ser sentidas y “traspasadas”.
Distorsión del carácter
El sufrimiento puede distorsionar sus percepciones y comportamiento. Esta distorsión puede constituir una gran parte del horror del dolor. Si el dolor persiste o es crónico, una persona puede empezar a comportarse de manera impropia y ofender a sus amigos, a sus familiares y a quienes la cuidan. Existen varias formas de enfrentar esta situación.
En primer lugar, trate de recordar que es el sufrimiento lo que está haciendo que el mundo se vea tan feo y que usted se comporte de manera impropia. Al ir aprendiendo y desarrollando su atención consciente, estos deformantes se eliminarán.
En segundo lugar, usted debe estar dispuesto a perdonarse a sí mismo y a los demás, una y otra vez. No hay ninguna expectativa de que usted lo haga bien la primera vez. No importa que se salga del camino, siempre y cuando regrese a él.
En tercer lugar, recuerde la impermanencia. Los períodos de distorsión no durarán para siempre. Como dice la Biblia, “esto también pasará”.
En cuarto lugar, usted puede crear y utilizar una estructura de apoyo de individuos u organizaciones quienes pueden darle evaluaciones objetivas y así encaminarlo nuevamente cuando usted se encuentre estancado en el sufrimiento subjetivo.
Qué hacer si meditar sobre el dolor lo hace sentirse peor
Es importante reconocer que la acción de observar y abrirse al dolor a veces hace que el dolor se agrave dramáticamente. Este dolor puede intensificarse o abarcar todo el cuerpo. Puede suceder que el dolor se intensifique y se extienda por todo el cuerpo a la vez; la peor y más difícil sensación del dolor que antes se localizaba en una sola región ahora llena el cuerpo entero, convirtiéndolo en una sola masa de tormento uniforme.
Todo esto puede sonar aterrador y pareciera contradecir lo que enunciamos, de que la atención consciente ayuda a enfrentar el dolor. En lo que se refiere a este fenómeno que llamaré “inflación”, deben mencionarse varios puntos:
En primer lugar, el observar y abrirse generalmente disminuyen el sufrimiento. La inflación ocurre sólo ocasionalmente. Muchas personas nunca experimentan este fenómeno. En segundo lugar, cuando este fenómeno sucede, representa una etapa en el proceso natural de liberación. Básicamente, el cuerpo se ha convertido en una sola sensación unificada e integrada. Se ha hecho “uno”, un paso necesario para posteriormente poder convertirse en “cero”. Muchas víctimas del dolor crónico están familiarizadas con el ciclo del dolor, en el cual el dolor se extiende e intensifica antes de que finalmente desaparezca en un período de varias horas o incluso varios días. La aparente agravación del dolor como resultado de la meditación, no es más que una aceleración de este ciclo. Si a pesar de la inflación, usted logra seguir meditando, el dolor no sólo se irá, sino que se “romperá”, dejando comprensión y purificación en su paso.
Esto no necesariamente implica que usted deba seguir meditando sobre el dolor, cuando la meditación está causando que éste se intensifique y se extienda. El hacerlo requiere una sutil decisión que depende de muchos factores. Permitir que el dolor se infle excesiva y prematuramente puede crear una aversión al proceso de la meditación o puede desperdiciar energía valiosa que usted necesita para su recuperación o para sus actividades diarias. Por lo tanto, habrá ocasiones en que usted prefiera practicar un tipo diferente de meditación; una meditación que relaje o quizá uno que lo enfoque fuera del dolor. Quizá usted incluso necesite dejar de meditar por un corto período de tiempo. Para determinar cuánto tiempo debe dejar de meditar, utilice su propio criterio.
Cuando finalmente haya obtenido suficiente experiencia para poder quedarse con el dolor a pesar de que lo pueda empeorar, podría suceder lo siguiente.
El tiempo se vuelve más lento, la mente pensante más o menos se apaga, el mundo exterior se desvanece y el sentido de un “yo” que ejerce control se neutraliza. Lentamente, la masa entera y atormentada del cuerpo pierde su rigidez y empieza a fluir, primero como una lava densa y posteriormente como miel… cada ola de sensación parece que desata otro nudo en la sustancia del alma.
La percepción de que el cuerpo es un “ser material” es un hecho producido en gran parte por nuestro hábito de coagular alrededor del flujo de las sensaciones del cuerpo. La inflación del dolor conduce el cuerpo a un estado incontrolable de máxima coagulación. Cuando esto finalmente se presenta, uno llega a entender que nunca hubo un “cuerpo material” en el sentido usual. El cuerpo es solamente un espíritu coagulado.
En resumen
Tan pronto como el dolor aparece en el cuerpo, la mente se preocupa en cómo aliviarlo. Existen dos tipos de alivio igualmente válidos: el alivio temporal que resulta de la eliminación de un dolor en particular; y el alivio permanente que resulta de reeducar su relación con todos y cada uno de los diferentes tipos de dolor. Si el alivio temporal no es posible, ¡entonces ocúpese intensamente en la noble búsqueda de un alivio permanente”!
|
Todo el contenido copyright © 1998-2005 · Shinzen Young · Todos los derechos reservados. |
|
|
|
Para más información sobre los retiros de meditación, cassettes o
facilitadores de meditación, contactar al
VSI. |
|
Pulsar aquí para ir a la Página Principal. |